
EL JARDÍN DE PERMACULTURA
BE Haven
Ometepe, Nicaragua
En la isla de Ometepe, en el terreno del antiguo Tesoro Beach Hotel, tuve la oportunidad de diseñar y co-crear el jardín de permacultura de BE Haven, un proyecto cuya misión era ofrecer un espacio acogedor y nutritivo donde las personas pudieran pausar, reflexionar y recargar energía.
El jardín formaba parte esencial de esa visión: un lugar vivo que alimentara el cuerpo, la mente y el espíritu, y donde quienes llegaban pudieran participar en la siembra y la cosecha como parte de su proceso de transformación.
El estado del terreno antes de comenzar
Cuando recibí el espacio, el jardín se había intentado cultivar el año anterior con cinco camas pequeñas de apenas 60 cm.
La lufa —descuidada— había crecido sin control y se había comido todo el cultivo.
Había maleza alta, estructuras deterioradas y una energía clara de abandono y dejadez.
Aun así, encontré vida resistiendo:
jengibre, cayena, espinaca, berro, piña, orégano, guanábana, quequisque, bananos, espárragos, cúrcuma y pequeños árboles de lima, aguacate y lima kaffir.
Alrededor, árboles grandes de algarroba, jocote, aguacate, mango y papaya sostenían el espacio.
Ese fue el punto de partida.


El diseño: devolverle vida a la tierra
Lo primero fue limpiar el terreno de maleza y lufa, conservando todo lo que aún tenía fuerza. Luego amplié las camas a su tamaño adecuado (1–1.2 m) y reparé las estructuras existentes para cultivos trepadores. Estudié el movimiento del agua y diseñé nuevas camas que protegieran las ya existentes.
El diseño incluyó:
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5 camas nuevas
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Cercado perimetral para evitar que gallinas, guatusas y otros animales entraran
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Reparación del cerco de ramas para controlar el viento
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Reutilización y construcción de estructuras para plantas trepadoras
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Vivero de plantas
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Selección de plantas acompañantes
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Intercambio de semillas con agricultores locales
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Uso de hojas de plátano como mantillo
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Fertilización natural y pesticidas orgánicos
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Regeneración del suelo con microorganismos y nutrientes naturales
Aplicamos principios y herramientas de permacultura como:
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Éticas de la permacultura
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SADIMET
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Métodos de observación
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DAFORN
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Mapa base y análisis de flujos
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Diseño adaptado al clima volcánico y a los microclimas de la isla
El trabajo físico
Fue un proceso profundamente práctico y comunitario:
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Sembramos una gran variedad de cultivos
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Regeneramos el suelo con fertilizantes naturales
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Construimos estructuras para judías verdes, pepino y otras trepadoras
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Creamos un vivero
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Trabajamos en equipo con voluntarios y miembros del proyecto
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Preparamos pesticidas naturales y biofertilizantes
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Mantuvimos el jardín con mantillo de hojas de plátano
El jardín se convirtió en un espacio vivo, dinámico y lleno de aprendizaje.


Lo que la tierra me enseñó
La tierra me enseñó a escucharla.
A entender que la teoría es solo un punto de partida y que el verdadero conocimiento nace del contacto directo. Me mostró que cuando la cuidamos, ella responde con abundancia, gratitud y alimento.
Descubrí en mí una líder que no sabía que existía.
Me enamoré del trabajo diario, de levantarme temprano para ir al jardín, del lodo, de la lluvia, del silencio. Ese jardín me dio una paz incomparable.
Cuando tuve que dejarlo, lloré como quien deja un hogar.
Ometepe me mostró sus microclimas, sus animales necios —monos, urracas, guatusas— y la sabiduría de sembrar según el territorio.
Me enseñó que cada isla es un mundo.
El impacto del jardín
El cambio en el jardín fue visible y profundo. El espacio, que antes se sentía abandonado, comenzó a verse cuidado, vivo y lleno de energía. Con el tiempo aparecieron polinizadores, insectos nuevos y una biodiversidad que anunciaba que la tierra estaba despertando.
Pero la transformación no ocurrió solo en el suelo: también ocurrió en las personas.
Los voluntarios que llegaban, muchos de ellos sintiéndose inútiles o desconectados, encontraban en el jardín un propósito inesperado. La tierra les devolvía alegría, fuerza y una sensación de pertenencia que no sabían que necesitaban. A veces tenía que sacarlos del sol porque no querían dejar de trabajar, y más de una vez regresaban después de sus horas solo para seguir sembrando, cuidando o simplemente estando ahí.
El jardín se convirtió en un lugar que regeneraba tanto como era regenerado. Un espacio donde la vida volvía a brotar en todas sus formas: en las plantas, en los insectos, en la tierra… y en las personas que lo tocaban.

Los cultivos que prosperaron con fuerza
Tomates Cherry, ajos, judías verdes, jengibre, girasoles, papaya, calabazas, pimienta cayena, cúrcuma, quequisque, maíz, lima keffir, lima, pimientos verdes, arugula, espárragos, piña, gotu kola, pepino, espinaca y berro. El Cosmos era polinizador.
El jardín se convirtió en un organismo vivo, un espacio de sanación y comunidad.

Un detalle simbólico
Un día pedí una señal.
Y en medio del jardín apareció una culebra perseguida por un colibrí.
La tierra siempre responde.
La energía del lugar
Trabajar la tierra, especialmente con lodo, lluvia y sol intenso, no es para cualquiera.
A mí me fascinaba.
Ese jardín me eligió tanto como yo lo elegí a él.





